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6 ejemplos de inversión ética

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29 September 2022
La inversión ética apuesta por las empresas sostenibles y responsables con su entorno y la sociedad

La responsabilidad corporativa entraña un valor crítico. Cada vez son más los clientes y accionistas que se fijan en este aspecto a la hora de decidir si recurrir o colaborar con una empresa. Por este motivo, muchas de ellas han comenzado a abrazarlo. No obstante, no todas adquieren un verdadero compromiso con la sociedad, sino que lo utilizan como mero reclamo publicitario. Por suerte, hay una serie de ejemplos de inversión ética que ayudan a los inversores a diferenciar unas de otras.

En tan solo un par de décadas, el mundo ha sido testigo de un giro radical. En el pasado, apenas se otorgaba importancia a las externalidades positivas o negativas de las organizaciones. Mientras les produjese beneficios a sus accionistas, el resto de factores carecía de relevancia. Tan solo se tenía en cuenta el apartado económico.

Ya había voces críticas con este sistema, pero eran muy minoritarias. Sin embargo, poco a poco fueron aumentando. Las protestas contra las compañías con malas prácticas se intensificaron. La carta blanca de la que disfrutaban estaba a punto de caducar, pues comenzaban a estar en el punto de mira.

Por el contrario, las organizaciones responsables eran aplaudidas. Entonces, los empresarios vieron una oportunidad. Incorporar la ética como sello podía resultarles de gran ayuda para cautivar a nuevos clientes. Pronto, se convirtió en el lema de muchas compañías, e inundó miles de campañas publicitarias. Pero esto no siempre iba acompañado de actos. Era una mera cortina de humo, una fachada. Gran parte de estas firmas ni siquiera contaban con una estrategia de responsabilidad corporativa.

La ética se convirtió en una tendencia. Y este escenario plantea un problema. ¿Es posible distinguir a las empresas que sí luchan por mejorar la sociedad y cuidar del planeta? Estos seis ejemplos de inversión ética orientan a los ahorradores en la búsqueda de organizaciones que sí suscriben un compromiso genuino, el cual se refleja en sus acciones, huyendo de los discursos vacíos.

1. Descartar a las compañías con actividades poco éticas

El primero de los ejemplos de inversión ética incide en el modelo de negocio y las acciones que lleva a cabo la empresa. Pero antes es necesario hacerse una serie de preguntas. ¿A qué industria pertenece? ¿Qué productos fabrica? ¿Qué servicios ofrece? ¿Y cómo repercuten estos en la sociedad?

Si una compañía se dedica, por ejemplo, a la fabricación y venta de armas, queda descartada de forma directa. Ninguna inversión en ella será considerada inversión ética, pues el resultado de sus acciones acaba con la vida de personas.

Existen otros sectores que también resultan muy perjudiciales, pues dañan la salud o crean adicciones entre sus consumidores. Dentro de esta categoría se incluyen el tabaco, el alcohol o los negocios relacionados con los juegos de azar.

Pero no solo es importante centrar el foco en las actividades comerciales, sino también en los procesos. Si una empresa vierte sus residuos en el mar, no limita sus emisiones de carbono o descuida cuestiones como el reciclaje, está colaborando en la destrucción del ecosistema. En consecuencia, los individuos preocupados por el medioambiente no deberían financiarla.

2. Guiarse por las normas y tratados internacionales

Si bien no existe un manual universal de ética, se han suscrito multitud de acuerdos entre la mayoría de países del mundo. Estos tratados, con un alcance internacional, establecen una serie de derechos y deberes que se aplican a todos los seres humanos.

La Declaración Universal de Derechos Humanos es el máximo exponente. Junto a ella, también destacan la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción y la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo. Este conjunto de pactos proporciona una serie de indicaciones que deberían ser seguidas por todas las firmas.

Desafortunadamente, todavía existen compañías que vulneran sus artículos y explotan laboralmente a sus trabajadores. Los inversores que deseen utilizar su dinero de manera ética deben evitar relacionarse con ellas.

En la actualidad, los Objetivos de Desarrollo Sostenible han cobrado una importancia mayúscula. Definidos por la ONU, plantean una perspectiva de futuro justa y sostenible, y la articulan mediante diecisiete puntos. Muchas empresas se han adscrito a ellos, y señalan públicamente los puntos en los que aportan su grano de arena, como la reducción de las desigualdades, el crecimiento económico o la acción por el clima. Esto puede ayudar a los inversores a enfocarse en aquellos ámbitos en los que más desean colaborar.

3. Seleccionar a las organizaciones mejor valoradas

Hay entidades que se dedican a estudiar de cerca a las compañías para auditarlas. Analizan diferentes aspectos, como su aportación a la sociedad y al medioambiente y, posteriormente, publican un ranking. Cuanto más arriba esté una empresa en esas listas, mayor será su compromiso con estas causas.

En definitiva, son índices que muestran a los inversores las organizaciones con las mejores prácticas del mercado. Les otorgan una puntuación en base a sus políticas y a variables ambientales, sociales y de buen gobierno. Así, los ahorradores pueden comprobar cuáles son las mejor valoradas.

Este sistema es conocido como best in class, pues consiste en seleccionar a las compañías con una calificación más elevada. No obstante, para que sea eficaz, los rankings deben ser elaborados por firmas independientes, que valoren a cada una de las empresas de forma objetiva. De este modo, el inversor podrá confiar en ellas sin reservas. Sin duda, este es uno de los mejores ejemplos de inversión ética.

4. Tener en cuenta los criterios ASG

El modelo ASG proporciona una medida muy certera de lo responsable que es una determinada organización. Para ello, agrupa tres factores: los ambientales, los sociales y los de buen gobierno. En un escenario óptimo, las compañías deberían destacar en los tres campos.

Para empezar, se encuentran las variables ambientales. Estas hacen referencia a las repercusiones que la actividad de una empresa genera en su entorno y a las políticas que ha implementado para proteger el medioambiente. La reducción del consumo energético para perseguir la eficiencia, el reciclaje de los residuos y el aprovechamiento al máximo de recursos escasos como el agua son ejemplos claros de una buena gestión a nivel ambiental.

Por otro lado, están los criterios sociales, es decir, cómo la organización cuida de su capital humano. Las personas deben estar en el centro de las compañías. Una firma sobresaliente en este campo contará con protocolos flexibles de conciliación, programas de formación de sus trabajadores para potenciar el talento y políticas que aseguren la igualdad de género.

Por último, se halla todo lo relacionado con el buen gobierno. Este aspecto se refiere a la manera en la que se organiza la empresa y cómo se ejerce el poder dentro de ella. Si se esfuerza por cumplir las normativas, dispone de medidas orientadas a mejorar la transparencia y se preocupa por proteger los intereses de los accionistas, se pone de relieve su excelente gestión.

5. Invertir en sectores o temáticas específicas

Otro de los ejemplos de inversión ética más comunes es el financiamiento de aquellos sectores que más preocupan al ahorrador. No todas las personas comparten los mismos intereses: algunas están más comprometidas con el medioambiente y otras con la igualdad social. Las primeras probablemente destinen su dinero a apoyar económicamente a entidades que luchan por la preservación de especies, mientras que las segundas se decantarán por impulsar iniciativas que promuevan la inclusión.

Esto implica un grado de conocimiento más elevado por parte del inversor, pues significa que está interesado en potenciar un asunto concreto.

Las propias organizaciones también pueden invertir temáticamente dentro de sus propios sectores. Por ejemplo, aquellos empleados que trabajan en empresas con un consumo elevado de agua pueden financiar pequeños negocios que proporcionan acceso a agua potable a personas que no disponen de fácil acceso a este recurso.

En este contexto, los Objetivos de Desarrollo Sostenible vuelven a resultar de gran ayuda, pues son un indicador de todas aquellas cuestiones con las que están comprometidas las organizaciones, y encauzan la elección del inversor.

6. Invertir para causar un impacto

El último de los ejemplos de inversión ética es la inversión de impacto, una alternativa cada vez más popular. En este caso, los ahorradores deciden financiar determinados proyectos de modo directo, convencidos de su potencial para impactar en las comunidades y generar consecuencias positivas.

Es una de las opciones que más beneficios causa, y de las más gratificantes para los inversores, pues pueden seguir de cerca sus avances. Hay multitud de pequeñas compañías que construyen comedores sociales, desarrollan mecanismos para limpiar los océanos o luchan para acabar con la experimentación animal, entre otras causas. Todas ellas necesitan recursos para crecer, por lo que recurren a canales de financiación alternativa.

En España, este tipo de inversión ya se está consolidando. Según el informe La inversión de impacto en España en 2021, publicado por SpainNAB, el año pasado movió más de 2.398 millones de euros en activos. Esto supone un crecimiento del 12% con respecto al ejercicio anterior. Y las previsiones para el 2022 también son positivas, pues la mayoría de entidades esperan seguir creciendo a buen ritmo.

El beneficio económico, una cuestión central

Estos ejemplos de inversión ética ayudan a encontrar empresas realmente comprometidas con la defensa de causas justas y la transformación de la sociedad. Y no son incompatibles entre sí. Al contrario, lo más recomendable es combinar las diferentes estrategias, para así invertir el dinero sabiamente.

A pesar de que su principal meta es la generación de un impacto positivo, estas organizaciones no descuidan el apartado económico. La rentabilidad es otro de sus objetivos. En esta línea, se esfuerzan por generar ingresos para satisfacer a todos los inversores que confían en ellas.

A fin de cuentas, el individuo no realiza una donación, sino que busca un retorno del dinero. Al igual que en los sistemas de inversión tradicionales, obtiene una ganancia a través de los intereses del préstamo, acordados entre ambas partes. Pero, en vez de recurrir a los canales convencionales, decide crear un mundo mejor durante este proceso.

Este es precisamente el pilar principal de la inversión ética, aquella que aúna el beneficio económico con el beneficio social y medioambiental. La combinación de estos dos aspectos es lo que la diferencia del resto y le aporta un valor tan inmenso.

Para apoyar estas iniciativas están surgiendo plataformas de inversión ética. Inversa es una de ellas. A través de su sistema de crowdfactoring, permite a los ahorradores financiar las facturas de las empresas de forma online. De esta manera, promueve la economía real, y pone en valor a aquellos proyectos que buscan transformar sus comunidades y mejorar el mundo.

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Inversa Team
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