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Fondos de inversión garantizados: qué son y cómo funcionan

Los fondos de inversión garantizados les aseguran a los inversores la devolución del capital inicial una vez finaliza el plazo de la operación

Inversión suele ser sinónimo de riesgo. En el entorno financiero las certezas no son frecuentes: cuando se inyecta dinero en un activo, siempre cabe la posibilidad de que este no sea rentable y el inversor se enfrente a pérdidas. Afortunadamente, en los últimos años han surgido una serie de mecanismos orientados a minimizar los riesgos de las inversiones. Y los fondos de inversión garantizados son uno de ellos.

El fondo de inversión pertenece a lo que se conoce como instituciones de inversión colectiva. Entidades que agrupan las aportaciones de un conjunto de individuos y las gestionan de forma unificada, repartiendo los beneficios de manera proporcional en función de la contribución de cada uno.

Existen muchos tipos de fondos de inversión: algunos se centran en empresas socialmente responsables preocupadas por su impacto medioambiental, otros focalizan su inversión en firmas del sector tecnológico, otros optan por diversificar su capital mediante la explotación de inmuebles…

Hay, en definitiva, un fondo para cada perfil de inversor. Algunos son más audaces y prefieren involucrarse en proyectos que les aseguren una alta rentabilidad, aunque el riesgo sea muy considerable. Por la contra, otros más conservadores no están dispuestos a poner en juego su patrimonio, y eligen participar en fondos con un bajo nivel de riesgo.

Qué son los fondos de inversión garantizados

Los fondos de inversión garantizados nacen para dar respuesta a las demandas de los inversores más moderados. ¿Cómo lo hacen? Estos fondos les aseguran a los ahorradores que, una vez llegada la fecha de vencimiento, podrán disfrutar nuevamente de su inversión inicial de forma íntegra.

En ocasiones, esta garantía se extiende a la rentabilidad. Y es que algunos fondos les prometen a los partícipes entregarles un cierto rendimiento cuando dicho plazo llega a su fin. Este interés es determinado en el contrato, de modo que los ahorradores lo conocen de antemano y pueden diseñar sus estrategias de inversión más sabiamente.

Así es posible diferenciar hasta tres tipos de fondos. En los fondos de inversión garantizados de rentabilidad fija el inversor disfruta de la tranquilidad de saber que, una vez la operación concluye, se le devolverá de nuevo la suma original. Y, junto con ella, recibirá la rentabilidad acordada previamente.

Por otro lado, los fondos de inversión garantizados de rentabilidad variable tan solo aseguran la devolución del capital inicial. En este caso, las ganancias dependen de la rentabilidad de los productos en los que se ha invertido o de otras variables como los índices. Si su valor ha aumentado, el inversor recibirá la parte proporcional que le corresponda. Si su valor ha disminuido, no tendrá ningún beneficio, aunque tampoco perderá su dinero.

Por último, se hallan los fondos de inversión garantizados parcialmente. Por regla general, la mayoría de estos fondos aseguran el reintegro completo del dinero. Sin embargo, algunos solo garantizan un porcentaje de la suma original. De todos modos, siguen siendo una opción menos arriesgada que los fondos de inversión convencionales, donde las pérdidas pueden ser mayores.

Pero los inversores no disfrutan de estas ventajas de forma gratuita. Hay un precio a pagar, y es que tienen que cumplir con una condición muy estricta: están obligados a mantener el dinero hasta la fecha límite. Si desean retirarlo antes de tiempo, se enfrentarán a penalizaciones muy severas. De hecho, una retirada temprana de los fondos incluso podría suponer pérdidas para los ahorradores.

Los fondos de inversión garantizados son una alternativa ideal para los inversores con un perfil moderado

Una cronología de este tipo de fondos

¿Cómo funcionan los fondos de inversión garantizados? Al inicio se produce el período de comercialización: aquel en el que la gestora del fondo está en busca de participantes y, por tanto, no hay que pagar ningún tipo de comisión para suscribirse. Al fin y al cabo, durante el período de garantía los fondos cobran comisiones muy elevadas, tanto en las suscripciones como en los reembolsos, con el objetivo de frenar el ingreso o el abandono de inversores.

Mientras dure el plazo, cualquier persona que quiera extraer su capital tiene que pagar un complemento. Además, en estas situaciones la garantía desaparece, y la cantidad recibida por el ahorrador dependerá del valor de mercado de los activos en los que la sociedad gestora invirtió.

Pero esto no significa que el inversor no volverá a ver su dinero hasta la finalización del período. Y es que a lo largo del tiempo se van abriendo distintas ventanas de liquidez. Momentos puntuales en los que los partícipes tienen la oportunidad de retirar sus fondos sin pagar una penalización por ello.

Estas fechas son determinadas por el propio fondo de inversión garantizado y aparecen registradas en el folleto informativo, por lo que es indispensable estar pendiente de los plazos si se desea aceptar esta retirada temprana. De nuevo, en estos casos la garantía desaparece, por lo que solo es recomendable si los activos son rentables y han dado beneficios.

Asimismo, en algunos fondos se producen pagos periódicos: reembolsos parciales que se transfieren cada cierto tiempo a los participantes. En definitiva, no todos funcionan de manera idéntica. Por este motivo, resulta crucial comprobar todos los detalles de cada una de las opciones que se barajan para así encontrar al fondo idóneo.

La garantía, la clave de bóveda de los fondos de inversión garantizados

Pero, ¿qué pasa si llega el plazo y el fondo ha sufrido pérdidas? En condiciones normales, es el inversor el que asume este riesgo. No obstante, cuando se trata de fondos de inversión garantizados, entra en juego el garante.

El garante es aquella persona o entidad que se compromete a aportar el dinero que sea necesario para que los participantes recuperen su inversión inicial en el caso de que no se alcance el valor liquidativo garantizado, aquel que se prometía en el contrato. Y esta cantidad puede transferirse de dos formas distintas.

Cuando la garantía es interna, es el propio fondo quien recibe el dinero, con el fin de equiparar el valor liquidativo al valor garantizado. Cuando es externa, la suma se le transmite directamente al inversor a través de una carta de garantía.

Esta distinción entraña grandes diferencias a nivel fiscal. La garantía interna se debe tributar en el momento del reembolso, cuando se extrae la totalidad del capital. Pero la garantía externa se debe tributar de modo independiente en el IRPF, independientemente de que se reembolse o no la participación en el fondo.

¿Y qué sucede cuando vence la garantía? Esta es otra de las grandes incógnitas de los fondos de inversión garantizados. Estas operaciones tienen un plazo y, cuando este llega a su fin, se abren dos puertas. O bien el gestor del fondo ofrece una nueva garantía, de forma que el ahorrador puede aceptar las nuevas condiciones para seguir en él o, por el contrario, no se renueva la garantía, perdiendo su razón de ser y convirtiéndose en un fondo convencional.

En ambos casos, el inversor puede reembolsar el dinero sin pagar comisiones, un fenómeno conocido como derecho de separación gratuito.

Aunque se eleva como una alternativa muy segura y con muchas garantías de protección, el fondo de inversión garantizado no es el único instrumento financiero capaz de blindar a los ahorradores. Muchos sistemas de financiación alternativa también tratan de salvaguardar el dinero de las personas, como es el caso del crowdfactoring con recurso, un método basado en el adelantamiento de facturas que se lleva a cabo en plataformas online como Inversa Invoice Market.

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