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Cómo invertir en empresas para rentabilizar los ahorros

Los ahorradores que deciden invertir en empresas pueden maximizar su capital a la vez que apoyan los proyectos de negocio de personas de su alrededor

Con una capitalización bursátil superior a los tres billones de dólares estadounidenses, el valor de mercado de Apple ya ha conseguido duplicar el PIB español. Una pequeña (o gran) muestra de los beneficios de invertir en empresas.

No todas las personas desean inyectar el capital en los primeros momentos de una compañía, cuando esta aún está en proceso de nacimiento o estabilización. Sin embargo, si se espera el tiempo suficiente y, finalmente, la firma tiene éxito, las ganancias obtenidas por los ahorradores que le brindaron apoyo en sus comienzos pueden ser muy sustanciales.

Volvamos al ejemplo de la tecnológica californiana. En la última década, el precio de sus acciones se ha incrementado en más de un 900 %. ¿Quién no desearía haber invertido entonces?

Evidentemente, hay que resaltar que la marca de la manzana mordida es una entre un millón. Por cada caso de éxito, hay cientos de miles de negocios que caen a medio camino o jamás logran despegar. A la hora de inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro influyen infinidad de factores: la aceptación por parte del mercado, la administración de los directivos, el entorno socioeconómico… E incluso la suerte.

Y es aquí donde entran en juego la pericia e intuición del propio inversor que, antes de invertir en empresas, tiene que ser capaz de vislumbrar su potencial. Importa también la paciencia, pues las compañías no suelen explotar de la noche a la mañana. Hay que darles el tiempo suficiente para establecerse y crecer, ya que generalmente invertir en empresas es un recorrido plagado de subidas y bajadas.

Invertir en empresas grandes… y pequeñas

Por regla general, cuando se habla de invertir en empresas, la mayoría de las personas suele pensar en grandes multinacionales. En salidas a Bolsa, juntas de accionistas y reuniones de ejecutivos vestidos de traje. Es cierto que estas firmas ofrecen oportunidades de inversión sumamente atractivas, pero hay un mundo más allá de ellas. Y, en ocasiones, las condiciones son mejores.

Echemos un vistazo al tejido empresarial español. En nuestro país, las pequeñas y medianas empresas representan más del 99 % del total. Es decir, prácticamente todas las organizaciones están compuestas por menos de 250 empleados, tienen un volumen de negocios anual inferior a los 50 millones de euros o su balance general anual no supera los 43 millones de euros.

Muchas veces, estas firmas ofrecen condiciones más ventajosas que los gigantes del mercado. Pero los beneficios de invertir en empresas de este tamaño no solo son económicos. Al invertir en pymes se impulsa el tejido empresarial local, dando apoyo a los proyectos de personas de nuestro alrededor: amigos, vecinos, familiares, conocidos…

Invertir en empresas pequeñas y medianas significa contribuir al fomento del empleo en los pueblos y ciudades. Se genera riqueza en las calles por las que paseamos, en lugar de en los bolsillos de directivos de otros países. Se provoca, en definitiva, un cambio real y tangible, del que podemos ser testigos en primera persona.

Ahora bien, ¿qué mecanismos podemos emplear para invertir en empresas, sean de las dimensiones que sean?

La bolsa de valores, una de las opciones más socorridas

La Bolsa es, sin ninguna duda, uno de los instrumentos de inversión más arraigados en la sociedad. Multitud de españoles han participado alguna vez en este sistema, y muchos lo hacen de manera continua, con una sólida estrategia de inversión basada en la reinversión de los beneficios para maximizar las ganancias.

El funcionamiento de este mercado podría parecer complejo a ojos de los ciudadanos con menos nociones. Pero no es, ni mucho menos, complicado. En la Bolsa se negocian constantemente activos financieros, que se compran y se venden sin cesar. Y los más comunes son las acciones.

Estas son títulos emitidos por sociedades anónimas que necesitan financiación. Las personas que las adquieren pasan a convertirse en una suerte de copropietarias de las compañías, ya que poseen parte de su capital social. Como tal, acceden a una serie de derechos, como asistir a las juntas de accionistas, votar en ciertas decisiones y recibir parte de los beneficios a través de los dividendos, que se entregan anualmente.

Invertir en empresas puede generar ganancias muy considerables

Pero las ganancias de los inversores no solo provienen de estos ingresos pasivos. También de las variaciones en el precio de las acciones, que fluctúa de manera constante en función de la oferta y la demanda. Si pasado un tiempo el valor ha aumentado y el ahorrador vende sus acciones, obtendrá una ganancia considerable. Restándole, eso sí, las comisiones derivadas de estas operaciones.

No obstante, en este mercado tan solo es posible invertir en un número limitado de empresas: aquellas que han salido a Bolsa. Además, el nivel de riesgo e incertidumbre es muy elevado, pues hay cientos de factores que influyen en el precio. No hay certezas. Nunca se sabe realmente si va a subir o a bajar. Y las pérdidas, por tanto, también pueden ser muy significativas.

Los primeros pasos en la financiación alternativa

Cuando se juega la partida en la bolsa de valores, hay que aceptar todas las condiciones. Por este motivo, aquellas personas que desean sortear sus inconvenientes tienden a apostar por otra clase de mecanismos para invertir en empresas. Y los instrumentos de financiación alternativa, que se han popularizado en los últimos años, se erigen como una alternativa a tener en cuenta.

El crowdfunding es uno de los métodos más conocidos. Este sistema se sirve del poder de la multitud, pues reúne el capital de diferentes ahorradores para lanzar un determinado proyecto. Al igual que el resto de mecanismos alternativos, su despegue se debe al aterrizaje de internet, de ahí que estas operaciones se lleven a cabo en plataformas online.

Originalmente, el crowdfunding tenía un carácter voluntario. Consistía, básicamente, en una donación. Los propios inversores eran los interesados en promover y ver crecer la iniciativa y, con la excepción de algunos regalos, no recibían nada a cambio. Sin embargo, este instrumento no tardó en adaptarse a las personas que deseaban obtener un rédito económico.

Así surge el crowdfunding equity donde, como recompensa por su aportación, el ahorrador recibe una parte del capital de la empresa. Si bien no recupera la suma inicial, pasa a convertirse en una especie de propietario. Y, si el proyecto tiene éxito, participará directamente en los beneficios. De este modo, podría amortizar por completo la cantidad original, aunque no existe ninguna garantía.

Por último, para aquellos que no querían asumir grandes riesgos se creó el crowdlending. En esta modalidad, la compañía también se financia con las aportaciones de diferentes personas. Pero, en este caso, no se trata de una donación, sino de un préstamo.

La firma está obligada a devolver el dinero de forma íntegra cuando finalice el plazo establecido, incluyendo un determinado interés, que es negociado previamente entre ambas partes. Ahora, el inversor no se arriesga a perder el dinero al invertir en empresas puesto que, en principio, sus beneficios están garantizados.

Invertir en empresas con Inversa Invoice Market

Pero existe otro mecanismo que comparte muchas similitudes con los dos anteriores: el crowdfactoring. Otro sistema de financiación participativa en el que se suman las aportaciones de varios individuos para entregarle a una empresa el capital que busca. Esto abre las puertas de la inversión a más personas, ya que muchas no serían capaces de financiarla individualmente.

El crowdfactoring consiste, en pocas palabras, en la financiación de las facturas pendientes de cobro. Se financia a negocios que todavía no han cobrado servicios que prestaron a sus clientes, pero que tienen que enfrentarse a otras deudas con urgencia, y no disponen de la suficiente liquidez.

Estas compañías deciden subir dichas facturas a plataformas de financiación alternativa como Inversa Invoice Market, donde todos los usuarios registrados buscan invertir en empresas. Estos pueden establecer a su antojo parámetros como el nivel de riesgo, el plazo de devolución y el tipo de interés para así encontrar a la firma idónea.

Esta solución resuelve dos necesidades de manera simultánea: otorga circulante a las compañías que se hallan en situaciones críticas y, a la vez, permite a los inversores rentabilizar sus ahorros de forma rápida con garantías de seguridad. Y es que estos conocen de antemano todas las condiciones, y pueden escoger facturas aseguradas que finalizan al cabo de uno o tres meses.

Inversa, además, pone el acento en fomentar la economía real. En este marketplace es posible invertir en empresas de países como Alemania, Suiza o Bélgica, pero también se pueden encontrar negocios familiares con una larga tradición de pueblos o ciudades españolas.

Una plataforma donde, además de invertir en empresas, las personas invierten en personas.

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