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¿Qué tipos de inversiones existen y cuáles son sus ventajas?

Las acciones, las divisas o las materias primas son algunos de los tipos de inversiones más populares entre las personas que desean hacer crecer sus ahorros

Cada día, cientos de personas deciden invertir una parte de su dinero. Pero, ¿en qué? La respuesta a esta pregunta condiciona, en muchos casos, la obtención de beneficios. Y es que la variedad de alternativas puede resultar abrumadora. Por esta razón, cualquier ahorrador que desee multiplicar su capital tiene que conocer los tipos de inversiones más comunes.

No todos los productos de inversión son iguales. Ni mucho menos. Mientras que algunos se decantan por ofrecer ganancias cuantiosas, otros se centran en minimizar el nivel de peligro.

Por este motivo, antes de adentrarse en una operación, los ahorradores deben comprender el papel que desempeñan en ella los cuatro pilares de la inversión. Es decir, la rentabilidad que podrán obtener, el riesgo al que se enfrentan, la liquidez del producto y la fecha de vencimiento de dicha operación.

Existen, en definitiva, tantos tipos de inversiones como perfiles de inversores hay. Y es esta diversidad la que hace posible que cada uno de ellos encuentre una opción que se ajuste a sus necesidades. De hecho, un mismo inversor puede optar de forma simultánea por diferentes productos, con el objetivo de diversificar su cartera y tratar de reducir el nivel de riesgo.

Pero, ¿cuáles son los tipos de inversiones?

Inversiones, ¿físicas o financieras?

Cuando se habla de tipos de inversiones este es, sin ninguna duda, uno de los primeros criterios de división.

En primer lugar, se encuentran las inversiones físicas, conocidas también como inversiones económicas, productivas o reales. El inversor adquiere un activo productivo: un bien mediante el cual es posible fabricar nuevos bienes o poner en marcha nuevos servicios, como un espacio comercial que se pone en alquiler. En esta categoría también se enmarcan los bienes intangibles que generan rentabilidad, como las patentes o los derechos de autor.

En cambio, la creación de riqueza asociada a las inversiones financieras no se deriva de la producción de otros bienes. En este caso, proviene del intercambio en la titularidad de dicho bien, como las acciones, los bonos o las letras de cambio. A diferencia de los anteriores, estos activos sí son divisibles, y su liquidez es mayor, pues es más sencillo comprarlos o venderlos en el mercado.

Inversiones, ¿a corto o a largo plazo?

Los tipos de inversiones también se pueden clasificar en función de su período de vida, tomando el año como sistema de medida.

Si el plazo de vencimiento del producto es inferior al año, entraría en la categoría de inversión a corto plazo. Sin importar si el inversor recoge sus beneficios en 30 o en 365 días. Generalmente, la rentabilidad de estas operaciones no suele ser muy elevada, a menos que entrañe un nivel de riesgo muy considerable. El ahorrador que apuesta por estos tipos de inversiones prima la liquidez y la obtención rápida de ganancias. Muchas de las inversiones financieras trabajan en el corto plazo.

Por el contrario, las inversiones a largo plazo tienen una esperanza de vida superior a un año. Son muy populares entre las personas más pacientes que no priman conseguir beneficios de modo veloz, sino que están dispuestas a esperar más, confiando en que su capital vaya creciendo a lo largo del tiempo y multiplique su valor. Por esta razón, suelen ofrecer más rentabilidad que las anteriores. Prácticamente todas las inversiones físicas son consideradas inversiones a largo plazo.

Inversiones, ¿de renta fija o variable?

¿Los beneficios son fijos o la rentabilidad puede variar dependiendo de otros factores? En función de esto, se puede distinguir entre otros dos tipos de inversiones: las de renta fija y las de renta variable.

En la renta fija, el interés es acordado entre ambas partes, y aparece reflejado en el contrato. El inversor, por tanto, conoce el porcentaje de beneficios que le corresponde antes de iniciar la operación. En consecuencia, el nivel de riesgo es muy bajo, pero también se sacrifica la rentabilidad, pues este tipo de inversiones no suelen ofrecer ganancias muy jugosas.

Es una alternativa atractiva para las personas que desean evitar todo lo posible el riesgo o para aquellas que carecen de experiencia en este ámbito, que pueden apostar por instrumentos como los depósitos bancarios a plazo fijo.

La renta variable, sin embargo, es una opción mucho más arriesgada, puesto que el inversor no sabe de antemano la rentabilidad que obtendrá, como sucede con las acciones. Los beneficios varían de forma constante y, aunque pueden ser muy elevados, también existe la posibilidad de que el ahorrador pierda su dinero.

Asimismo, hay que tener presente que se han desarrollado productos híbridos: aquellos que combinan características de estos dos tipos de inversiones. Las participaciones preferentes, por ejemplo, brindan una rentabilidad fija durante un período de tiempo determinado. Cuando este finaliza, se activa la renta variable de forma indefinida.

Los bienes inmuebles son uno de los tipos de inversiones más populares

Algunos de los tipos de inversiones más comunes

Cuando se habla de inversión, lo primero en lo que piensan muchas personas es en la bolsa de valores. No obstante, hay un mundo de opciones más allá de la Bolsa. Los siguientes tipos de inversiones satisfacen las necesidades de toda clase de inversores.

  • Bolsa de valores: es el punto de encuentro entre las compañías que buscan financiación y los ahorradores que anhelan rentabilidad. A pesar de que en este mercado se pueden negociar productos de renta fija y variable, las acciones son las más populares. Las personas las compran y las venden, convirtiéndose en pequeñas propietarias de las empresas, y obteniendo un beneficio por la diferencia de precio de la acción en ambos momentos.
  • Bienes inmobiliarios: todos aquellos bienes ligados al suelo, como los edificios, son considerados bienes inmuebles. Su principal ventaja es que su valor perdura en el tiempo: no suelen depreciarse, y otorgan una ganancia muy cuantiosa a los propietarios. Son una de las opciones más seguras, y se enmarcan dentro de las inversiones de renta fija.
  • Depósitos bancarios: en algunas entidades bancarias es posible depositar los ahorros en una cuenta, de manera que quedan a disposición del banco, a cambio de un pequeño interés. Aunque el propietario no puede disponer de ellos hasta que venza el plazo, el nivel de seguridad es muy considerable, ya que están cubiertos. Además, algunas firmas permiten al ahorrador escoger entre la renta fija o la renta variable.
  • Bonos: mediante este instrumento los inversores le prestan dinero a una compañía o a un estado, comprando una parte de su deuda. Cuando finaliza el período acordado, reciben de nuevo la cantidad original, junto con un interés. Por lo general, los bonos suelen ser de renta fija.
  • Mercado de divisas: es otro de los tipos de inversiones más populares, debido a la alta liquidez y a la brevedad de sus operaciones, que suelen darse en el corto plazo. Los ahorradores adquieren monedas internacionales, como el dólar, la libra o el yen, y las venden a un precio mayor para ganar dinero.
  • Fondos de inversión: estos fondos, que suelen formar parte de la renta variable, agrupan a una gran cantidad de inversores y juntan sus aportaciones. Hay un administrador, el encargado de tomar las decisiones de inversión, que compra distintos tipos de activos. De este modo, cada ahorrador recibe una parte proporcional de los beneficios, algo que sería imposible si cada persona participase de forma individual.
  • Fondos de pensiones: funcionan de forma similar a los fondos de inversión. Este mecanismo colectivo aúna los ahorros de un grupo de personas y los invierte a largo plazo, tanto en productos de renta fija como variable. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones no es posible disfrutar de las ganancias hasta la edad de jubilación.
  • Materias primas: oro, plata, petróleo, metales, cereales… Aunque no es la opción predilecta de los principiantes, algunos inversores expertos optan por invertir en materias primas. Al igual que las divisas o las acciones, su valor aumenta y disminuye. De esta manera, las personas compran y venden los materiales, obteniendo beneficios de estas operaciones, que se enmarcan en la renta variable.

¿Y qué hay de la financiación alternativa?

En un espectro tan amplio, los tipos de inversiones alineados con la financiación alternativa también encuentran un espacio. Así surgen métodos como el crowdlending o el crowdfactoring, que se apoyan en el poder de las personas y multiplican la libertad de elección de los inversores.

El funcionamiento del crowdlending es muy similar al de los préstamos bancarios tradicionales. Mediante este sistema, un grupo de ahorradores unen fuerzas y le prestan dinero a una compañía, que ya no depende de los bancos para obtener financiación.

La empresa disfruta de la liquidez que necesita, pero contrae una deuda. Y cuando finalice el plazo acordado tendrá que devolverla, junto con un interés, que es donde radica la ganancia de los inversores.

Por su parte, el crowdfunding también se sirve de un conjunto de ahorradores para apoyar económicamente a un negocio. Pero, en este caso, se financian sus facturas. Los inversores le adelantan el importe de las facturas que todavía no ha cobrado, otorgándole liquidez en momentos cruciales y evitando que peligre su estabilidad financiera.

Cuando llega la fecha de vencimiento y el cliente abona la factura, la compañía devuelve el dinero a los inversores, entregándoles de nuevo un interés.

Gracias a la aparición de plataformas de financiación alternativa como Inversa Invoice Market, estos mecanismos son muy accesibles para toda clase de empresas e inversores, que pueden participar en todos los tipos de inversiones.

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