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Bienes de inversión e IVA: ¿cómo se deben declarar?

Conocer la relación entre bienes de inversión e IVA es fundamental para no cometer errores a la hora de declararlos y evitar posibles sanciones

Las empresas adquieren bienes de forma constante. Productos que son imprescindibles para el desarrollo de sus actividades. Una constructora necesita máquinas excavadoras. Un despacho de abogados necesita ordenadores. Una panadería necesita hornos. Y todas estas compañías tienen que comprender la relación entre bienes de inversión e IVA.

Si desconocen la tributación de estos bienes, podrían enfrentarse a sanciones derivadas de una declaración errónea. Además, estos se amortizan durante un período de tiempo determinado. Por tanto, los negocios deben estar familiarizados de antemano con estos conceptos, para así realizar una planificación de gastos realista y optimizar sus estrategias de inversión.

A fin de cuentas, no todas sus adquisiciones entran dentro de la categoría de bienes de inversión. En función de una serie de variables, los bienes que compran o alquilan pueden ser considerados una inversión o un gasto. Por este motivo, para conocer la relación entre bienes de inversión e IVA hay que entender primero la diferencia entre gasto e inversión.

¿Cuáles son las diferencias entre gasto e inversión?

Existen cuatro factores que marcan la línea divisoria y les ayudan a los negocios a comprender si sus adquisiciones son consideradas una inversión o un gasto:

  • La vida útil del bien: la inversión tiene un carácter más duradero, puesto que genera ganancias de modo regular durante un plazo superior al año. Por la contra, el gasto solo contribuye a la obtención de ingresos durante un período de tiempo inferior a los 365 días.
  • Los documentos: las inversiones forman parte de los activos de la organización, por lo que hay que reflejarlas en el balance de situación, mientras que los gastos se enmarcan en el pasivo, y tienen que aparecer en la cuenta de resultados.
  • La disminución patrimonial: un gasto reduce de forma directa el patrimonio de la compañía, a diferencia de la inversión, que simplemente implica un cambio en la naturaleza de los activos.
  • El sector del negocio: un mismo bien puede ser un gasto y una inversión en dos empresas distintas, en función de su actividad. Si la firma lo pone a la venta, sería considerado un gasto, pero si lo emplea para generar más negocio entraría en la categoría de inversión.

A nivel fiscal también existen grandes diferencias entre uno y otro, de ahí la importancia de conocer la relación entre bienes de inversión e IVA.

¿Qué dice la ley?

Cuando se habla de bienes de inversión e IVA, es imprescindible prestar atención a las directrices impuestas por las autoridades. Y es que no todos los bienes que cumplen con las condiciones anteriores son considerados bienes de inversión por la Agencia Tributaria.

El artículo 108 de la Ley 37/1992, de 28 de diciembre, del Impuesto sobre el Valor Añadido regula esta cuestión. Aunque se empleen durante un plazo superior a un año, hay cuatro tipos de bienes que no entrarían en esta categoría:

  • Las piezas de recambio, los accesorios y las ejecuciones de obra para reparar otros bienes de inversión.
  • Los envases y los embalajes, incluso aunque puedan reutilizarse.
  • La ropa usada para el trabajo por los sujetos pasivos o por su personal.
  • Los bienes con un valor inferior a 3.005,06 euros.

No obstante, hay que tener presente que esta última cifra solo incluye la base imponible. Es decir, hay que restar el IVA a la cantidad original. ¿A qué se debe esto?

Un horno adquirido por una panadería es un ejemplo de bienes de inversión

La fiscalidad de los bienes de inversión e IVA

Como hemos visto anteriormente, existen múltiples diferencias entre los gastos y las inversiones. Por consiguiente, cada uno de ellos se deduce de una manera distinta. Por eso, cuando se habla de bienes de inversión e IVA, la fiscalidad es una cuestión central.

Los gastos se pueden deducir en el mismo ejercicio económico en el cual se han adquirido, al igual que todas las inversiones con un valor inferior a 300 euros. Sin embargo, Hacienda prohíbe la deducción del resto de inversiones de golpe, y establece una serie de plazos durante los cuales se van amortizando por partes. Asimismo, no todas se deducen en el mismo tiempo. En función de la vida útil y de la depreciación de cada artículo, podrán amortizarse antes o después.

Pero, ¿qué sucede con el IVA? En este caso, no importa que se trate de un gasto o una inversión. La Agencia Tributaria sí permite deducir este impuesto en el mismo trimestre en el que se ha adquirido el producto, de ahí que bienes de inversión e IVA sean conceptos tan relacionados.

Regresando el ejemplo del inicio, supongamos que una panadería adquiere un horno industrial por 7.260 euros. Como le permite generar ingresos durante un período superior a un año, se consideraría una inversión. Una vez se le ha descontado el 21 % IVA, la base imponible se reduciría hasta los 6.000 euros. Por lo tanto, tampoco es una de las excepciones contempladas por el artículo 108 de la LIVA, dado que su valor supera los 3.005,06 euros.

Definitivamente, nos hallamos ante un bien de inversión. Y, al igual que ocurre con los gastos, su IVA, es decir, los 1.260 euros, se podrá deducir en el mismo trimestre de adquisición.

El modelo 303 entra en escena

Ahora bien, para comprender en profundidad todos los aspectos que influyen en los bienes de inversión e IVA es indispensable hacer hincapié en el modelo 303.

En este documento los autónomos abonan a Hacienda el IVA de forma trimestral, recopilando todas sus compras para deducir este impuesto. Pero, dependiendo de si se trata de un gasto o una inversión, hay que rellenarlo de manera diferente.

Cuando la adquisición se considera un gasto, el empresario tiene que anotar la base y la cuota del IVA en las casillas 28 y 29. No obstante, si se trata de una inversión, tendrá que cumplimentar las casillas 30 y 31 con esta información.

Además, hay que tener presente que los bienes de inversión, al tener una vida útil más prolongada, tienen lo que se conoce como un plazo de afectación, una conditio sine qua non para que el autónomo pueda deducir el IVA soportado. Si la afectación finaliza antes de las fechas marcadas por la autoridad, estaría obligado a reingresar el importe deducido en un inicio.

Este conocimiento es vital para cualquier propietario de un negocio que adquiera bienes con cierta regularidad. Sin embargo, todas las personas que participan de la economía deberían estar familiarizadas con estos conceptos, independientemente de que sean dueños de empresas o particulares que invierten en plataformas de financiación alternativa.

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