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Todo lo que necesitas saber antes de invertir en deuda pública

Invertir en deuda pública es una opción muy atractiva para los ahorradores que buscan una alternativa con un bajo nivel de riesgo

Cada persona tiene su propia lista de prioridades. No solo en la vida, sino también en la inversión. Algunas sitúan la rentabilidad a la cabeza de ese ranking, lo que les conduce a escoger productos con un alto riesgo. Otras reservan el primer puesto para la seguridad, especialmente cuando lo que está en juego son sus ahorros, y prefieren invertir en deuda pública.

Cuando se invierte, se está apoyando económicamente a una iniciativa. En muchas ocasiones, este dinero va destinado a empresas, desde pequeños negocios que participan del crowdlending a grandes multinacionales que cotizan en la bolsa de valores. Pero también es posible apoyar a los estados.

Al igual que las compañías, los países necesitan capital para financiarse. Para captar ese dinero, emiten títulos de deuda pública. Los ciudadanos adquieren esos valores de renta fija, prestándole al estado parte de su dinero de forma temporal. Y, una vez vence el plazo, no solo reciben nuevamente la cantidad original, sino que son recompensados con un determinado interés, donde radica su ganancia.

Invertir en deuda pública es una de las alternativas más seguras de la actualidad, puesto que cuenta con el respaldo de todo un país. Y, al mismo tiempo, los productos que se subastan son de rentabilidad fija, por lo que el ahorrador conoce de antemano cuál será su beneficio. De este modo, mantiene alejada la incertidumbre y tiene la certeza de que su ganancia no dependerá de las variaciones del mercado.

Al invertir en deuda pública, esde el primer minuto sabe que no se enfrentará a pérdidas. Pase lo que pase, su rentabilidad está asegurada. Y esto le permite planificar de manera más acertada sus estrategias de inversión.

¿Letras, bonos u obligaciones?

Cuando desean invertir en deuda pública, los ahorradores pueden escoger entre tres productos distintos. Su funcionamiento es prácticamente idéntico: las diferencias radican en el tiempo durante el cual no pueden disponer de su dinero y la forma de cobro.

  • Letras del Tesoro: aquellas personas que desean invertir en deuda pública con una ganancia rápida pueden decantarse por las Letras del Tesoro, que funcionan a corto plazo. En la actualidad, se emiten a tres, seis, nueve y doce meses. Los interesen se recogen cuando finaliza dicho plazo que, en algunos casos, es a los noventa días.
  • Bonos del Estado: esta es la opción intermedia, pues su reembolso se produce pasado un período de tiempo superior a los dos años e inferior a los cinco años. A diferencia de las Letras del Tesoro, no se cobran cuando finaliza la operación, sino que se le va reembolsando el dinero al inversor mediante cupones, que suelen tener una periodicidad mensual.
  • Obligaciones del Estado: esta alternativa tan solo es recomendable para las personas con un colchón económico que no necesitan echar mano de esos ahorros a corto plazo. Y es que las Obligaciones tienen, como mínimo, una duración de cinco años. Pero algunas pueden llegar a durar varias décadas. En lo que respecta a su cobro, funcionan exactamente igual que los Bonos, entregándole el interés al ahorrador a través de cupones de forma regular.

Existe, sin embargo, otra gran diferencia entre las tres alternativas. Y es una de las cuestiones que más interesa a los inversores: la rentabilidad de invertir en deuda pública. Evidentemente, no es la misma en las Letras del Tesoro que en las Obligaciones del Estado. Cuanto más alejada esté la fecha de vencimiento, mayor será el interés con el que se recompensa al ahorrador, que suele ser cercano al 3 %.

Hay tres formas de invertir en deuda pública: las Letras del Tesoro, los Bonos del Estado y las Obligaciones del Estado

El Tesoro Público, actor protagonista a la hora de invertir en deuda pública

Los títulos de deuda se adquieren en el Tesoro Público, el organismo encargado de emitirlos y gestionarlos. No obstante, es importante tener en cuenta que la cantidad mínima de cada solicitud es de 1.000 euros. Y todas las peticiones superiores tendrán que ser, a su vez, múltiplos de este número.

¿Qué significa esto? Que cualquier persona que quiera invertir en deuda pública no puede seleccionar la cantidad que desee, sino que tiene que ajustarse a estos parámetros. Es decir, no puede invertir 3.500 €, sino que tendría que cambiar el total a 3.000 € o 4.000 €.

Asimismo, no se pueden comprar Letras, Bonos y Obligaciones siempre que se desee. Cada año tienen lugar una serie de subastas, períodos donde estos activos se ponen a la venta. Estas fechas se marcan a principios de año, por lo que hay que comprobar cuándo será la siguiente subasta para poder adquirir estos productos.

Existen, además, dos maneras diferentes de invertir en deuda pública. La primera es acudir directamente al Tesoro Público, ya sea yendo presencialmente a las oficinas del Banco de España o navegando por su página web, donde también se pueden realizar las transacciones.

La otra alternativa pasa por invertir en un fondo de inversión especializado en estas operaciones. Esta es una opción sumamente cómoda para los particulares, pues pueden seleccionar su perfil de riesgo ideal y delegar la gestión en profesionales especializados, que incluso pueden comprar deuda de diferentes países.

Acaba el plazo… O llega la hora de vender

La principal desventaja de invertir en deuda pública es que, hasta que no finalice el plazo, no es posible recuperar el dinero. En productos que trabajan en el corto plazo esto no es un inconveniente, pero si se apuesta por las Obligaciones del Estado y se necesita parte del capital, es muy difícil disponer de él.

O no. Aquí es donde entra en juego el mercado secundario. Un mercado paralelo donde se pueden poner estos títulos a la venta si no se desea esperar a que llegue la fecha de vencimiento.

Sin embargo, la rentabilidad será mucho menor y es posible que no se recupere la integridad de la inversión, por lo que el inversor se puede enfrentar a pérdidas. Debido a esta razón, no es una salida recomendable, a menos que exista una gran urgencia por disfrutar de nuevo del capital.

Precisamente, para reducir todo lo posible el riesgo de pérdidas, es conveniente no jugárselo todo a una carta, diversificando el patrimonio en activos de diferente naturaleza: de entidades públicas y privadas, de rentabilidad fija y variable, a corto y a largo plazo… De este modo, si el resto están en ascenso y reportan ganancias, el impacto de la caída de uno de ellos no supondrá un varapalo para la salud financiera del ahorrador.

Y por fin llega la hora de recoger las ganancias. Pero en este momento, el más esperado por todo inversor, puede surgir una incógnita: ¿cómo se deben tributar los beneficios obtenidos al invertir en deuda pública?

Para saberlo basta con aprenderse tres porcentajes. Hasta los 6.000 €, se grava al 19 %. De 6.000 € a 50.000 €, se tributa al 21 %. Por último, todo lo que supera los 50.000 € se grava al 23 %. No obstante, estas cantidades tan solo se refieren a los beneficios que se han conseguido, y no a la suma total que se le devuelve al ahorrador, pues esta incluye su inversión original.

Además, es posible compensar las pérdidas y las ganancias a la hora de realizar la declaración, de forma que tan solo se pagan impuestos por las ganancias reales, poniendo todos los activos en una balanza.

Una vez se han comprendido los diferentes tipos de productos, los mecanismos de inversión y los aspectos más importantes sobre la tributación, invertir en deuda pública es una actividad al alcance de cualquiera.

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